El miedo a ser reseñado

lunes, 21 de abril de 2014 2 comentarios en el nido

Artículo publicado en El Rincón de la Novela Romántica

 

    Existen muchas cuestiones técnicas que importan a los escritores noveles: saber cómo extraer ideas, cómo estructurar una novela, cómo planificar unos buenos y creíbles personajes, cómo se debe puntuar, concordar tiempos verbales, no cometer errores de sintaxis, estilo, etc. Pero hay una cuestión que también se plantean muchos escritores una vez terminadas sus obras y es algo que preocupa a muchos y sin embargo jamás se habla sobre ello: el miedo escénico ante la opinión de los lectores, pero sobre todo el miedo a que alguien profesional reseñe o critique lo que con tanta ilusión, trabajo y esfuerzo han escrito.

    Es inevitable que los lectores opinen sobre la obra de un escritor: todo el que escribe y expone su obra al público sabe que se somete inevitablemente a las críticas de los demás. Ahí es de donde viene el miedo. Todo artista desea que su obra guste a todo el mundo y eso es un gran error, no podemos gustar a todos pues somos distintos en cuanto a gustos, aficiones, pensamiento y comportamiento. Eso no significa que una obra sea mala sino que simplemente no llega a todo el que la lee. Los grandes clásicos de la literatura no gustan a todo el mundo y todos tenemos nuestra lista particular de rechazos. No por ello dejan de ser obras maestras. Cuando alguien me pide reseñar lo que ha escrito siempre advierto que mi opinión es sólo mía, subjetiva en base a lo que yo sé y he aprendido, pero también según mis gustos.

    Una reseña es por tanto un análisis muy personal cuando se refiere a la temática, al género o a la historia en sí misma. Otra cosa es analizar objetivamente el estilo y la parte técnica, pero si ese aspecto ha sido cuidado por el escritor a través de los consejos de un buen corrector profesional, nada ha de temer. Existen varias clases de críticas: emocionales o racionales, positivas o negativas, constructivas o destructivas. Todas ellas pueden combinarse según el estilo del reseñador. Mi política a la hora de reseñar es ser lo más objetiva posible olvidando si el autor es mi amigo o no, si es extraño o conocido, ofreciéndole siempre la máxima sinceridad posible. De otra forma no le haría ningún favor a nadie, ni a ese escritor, ni a mí misma porque perdería credibilidad, y mucho menos al lector que desea conocer lo que va a encontrar en el libro.

   Muchos reseñadores son muy racionales cuando hablan del libro que han leído. Dan mucha importancia a la parte técnica señalando los fallos o aciertos en cuanto a prosa, estilo, construcción de frases, etc., dejando a veces de lado la parte emocional. Mi estilo es el contrario. Yo suelo fijarme mucho más en las sensaciones que me ha transmitido la historia, en las emociones que me ha hecho despertar y en los recuerdos que ha podido traer a mi memoria y puedo disculpar errores leves si no influyen en el disfrute de lo que estoy leyendo. En este sentido es bueno que el reseñador sepa comparar la historia con otras similares de otros autores, e incluso con algún clásico o novela referente en el género del que se trate. Eso ya depende del bagaje lector de quien reseña y éste debe haber leído mucho antes para poder hacerlo. Leer mucho además, me ha ayudado enormemente cuando escribo.

     Pero lo más importante de todo a la hora de reseñar es ser siempre respetuoso, educado y constructivo. Las malas críticas deben aceptarse siempre que supongan una ayuda para mejorar y estén debidamente argumentadas: por qué no nos ha gustado y cómo rectificar, dando ejemplos si es preciso. De ellas se aprende muchísimo más que de las buenas. Huid siempre de aquellos que intentan hacer daño con sus opiniones y no aportan ni un solo argumento para hacer de vosotros mejores escritores. 
    A esos, ignoradlos.

 Carolina Márquez Rojas

2 comentarios en el nido:

  • uncafeconleire dijo...

    Sí, es cierto, sobre todo en los que noveles que exponen su obra por primera vez. Es difícil no tener miedo escénico.
    Yo añadiría también, aunque suele darse menos casos, es el miedo al triunfo, miedo a ser conocido o aclamado, miedo a que de la noche a la mañana te conviertas en famoso y que la gente espere mucho de ti, sin te te veas capaz de responder a las expectativas. Yo tengo de este último, aunque dudo mucho que esto me pueda ocurrir a mi.

  • Daiero Da Firenze dijo...

    Mucha razón, me gustó mucho tu artículo y más la última frase que me gustaría citar "Huid siempre de aquellos que intentan hacer daño con sus opiniones y no aportan ni un solo argumento para hacer de vosotros mejores escritores. A esos, ignoradlos." y no solamente poner en práctica esta frase en la escritura, sino también en tu vida.

    SALUDOS DESDE MÉXICO =)

 

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